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Juan del Castillo, 21 febrero 2001

El hotel data de los años cincuenta. Nació de una idea originaria del arquitecto Felix Saenz Marrero Regalado (1897-1956) y está ubicado en el Parque Taoro, el paraje más paradisíaco del Valle de la Orotava.  El descubrimiento en el subsuelo, de una gran cueva volcánica dificultó su construcción. Época mala en que todo escaseaba: el cemento, el hierro y por supuesto el dinero. Hoy es una coqueta bombonera, un exótico jardín en medio de la aspereza y negrura de malpaís. Y por doquier, la visión grandiosa del Padre Teide. Como los pocos hoteles que funcionan, en el Puerto de la Cruz, se trata de una empresa familiar. Como el Monopol, de otra estirpe benemérita, los Gleixner, o el Tope o el Miramar.

El fundador de la dinastía fue el alemán Enrique Talg Schulz (1894-1962) que llega a Tenerife en 1922. A su biografía de sobra conocida, quiero añadir pospinceladas personales. Oí hablar por primera vez, de este personaje a mi padre, teniendo cuatro años o así. Eran los terribles años cuarenta, los de la escasez y el racionamiento. Periódicamente, cuando en el Valle se vislumbraba la primavera, este hotelero invitaba a comer a don Diego Llanera, gerente de la “Hidroeléctrica La Orotava”. Y con él, a un grupo de amigos de la Villa, entre los que recuerdo al registrador Fernández Mirón y a mi padre. Se celebraban en el Taoro, y por último en el Martiánez. Según el fantástico relato paterno, era un banquete pantagruélico insólito en aquellos tiempos.

En la trayectoria profesional de Talg juega un papel decisivo un reputado abogado lagunero. En los cincuenta, el Mando Económico construye los Hoteles Mencey y Santa Catalina. Se busca una compañía que los explote y no se encuentra. Sólo la hotelera del entonces Banco de Santader,  la HUSA , acepta pero con una condición: que se le dé también, en explotación el Hotel Taoro. Dicho establecimiento lo tenía don Enrique en arrendamiento.

El viejo Talg pasa la antorcha y el nuevo hotel – ya propiedad familiar – a su hijo: Enrique Talg Wyss. Todos piensan que es alemán pero sorpresivamente, nació en Vigo. Por fortuna, de gallego solo tiene lo bueno – la prudencia – pero no lo malo – la desconfianza. De siempre ha sido el hotelero mejor relacionado del Puerto con importantes contactos en Suiza y en el Vaticano. Su madre tenia nacionalidad helvética.  Por los sublimes jardines del “Tigaiga” entre suculentos cactus gigantes y rítmicas palmeras caribeñas, es fácil encontrarse, casi en éxtasis, a influyentes monseñores. Como al obispo Bruno Heim, asiduo al establecimiento. Por cierto, el fin de semana pasado, me tropecé en el hotel, a un eclesiástico luso, amigo del Cardenal de Lisboa y del Nuncio en Madrid…

 La mascota del hotel es una cubertería de plata. Se compró en la época del Taoro, gravaba con sus iniciales H.T.  Por eso, el nombre del nuevo establecimiento tenía que empezar por esa letra. Los Talg, reunidos en tagoror, repasaron el patronímico guanche de la “T”: Tanausú suena a independentista, Tinguaro nos gusta pero para el Restaurante, al final ….Tigaiga.